¿Fractura nacional?

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La política adversarial continúa determinando las actitudes, las declaraciones e incluso las acciones de una parte de la sociedad mexicana. Sobre esa corrosiva plataforma de maniqueísmo en su peor expresión, se pretende proyectar la imagen de un país fracturado, cuando en realidad la fractura existe solamente entre una mayoría, por lo general silenciosa, a excepción de quienes hemos optado por no callar; y una minoría muy activa, sobre todo en las redes sociales, dentro de la cual se manifiestan personas respetables, de buena fe, dentro de un amplio conglomerado de fanáticos que incitan a la violencia.

He citado anteriormente a quien, a mi juicio, fue uno de los últimos grandes políticos mexicanos, con empaque ideológico y experiencia real, con visión de Estado, de futuro y capacidad de consenso, Jesús Reyes Heroles: en política, la forma es fondo. En todos los países civilizados se guardan las formas y se escucha a la otra parte, porque el respeto es la base de la convivencia constructiva y, a fin de cuentas, nadie sabe quién será un aliado en la próxima negociación.

También me he referido a Carlos Madrazo, otro personaje fundamental en la vida política mexicana, quien anticipaba  hace más de cuatro décadas: “En nuestro país es necesario saber escuchar a los demás”. Dentro de tal contexto, resulta desalentador que muchos de los protagonistas actuales desechen la forma y el fondo, porque no saben siquiera respetarse a sí mismos.

El respeto al derecho del contrincante político a expresarse, es un principio fundamental en cualquier sistema democrático. En el entorno mexicano de las últimas décadas, casi todo ha transcurrido en la dirección opuesta, en la opción generalizada por la política adversarial, de enfrentamiento, de ruptura. El significado más profundo de esta dislocación, es que no se pueden intercambiar ideas, comparar planteamientos o negociar posiciones.

Si las partes no pueden escucharse, mucho menos podrán entenderse y sin este último requisito, resulta improbable que logren acuerdos que satisfagan a todos los involucrados. Esta realidad amenaza la viabilidad futura del país, porque las diferencias entre esos dos segmentos de la sociedad, el mayoritario, muchas veces pasivo y silencioso; y el minoritario, estridente y provocador, violento si le viene en gana, son cada vez más profundas, tanto como la ausencia de capacidad y voluntad de muchos políticos y personajes públicos, sobre todo los más vociferantes de la seudoizquierda, para comunicarse.

El problema, finalmente, no reside en las diferencias –situación quizá indeseable, pero real y no particularmente distinta a la de muchas otras naciones— sino en una incapacidad fáctica para sortearlas y construir un futuro mejor. De ahí que las versiones y las visiones antagónicas de lo que ocurrió a partir del viernes, con el desalojo del remanente de los grupos de choque de la CNTE que permanecían en el Zócalo de la ciudad de México, sean contrastantes y contradictorias.

En las redes sociales, como suele ocurrir cada vez con mayor frecuencia, se dio pábulo al escándalo sensacionalista, irresponsable y provocador. Se habló de una represión equiparable a la de 1968 –y quienes utilizaron este símil absurdo en su vida han sabido lo que fue aquel movimiento–; y se difundió que el operativo de la Policía Federal había sido sangriento, con lujo y exceso de violencia.

No importa que incluso las fotos y los videos debidamente manipulados demostraran lo contrario, con lamentables excepciones de algún exceso aislado y no por ello menos condenable; o que se dieran a conocer documentos gráficos equivalentes que demostraban sin lugar a dudas de dónde provino la violencia, esa violencia que ha sido el arma favorita de las hordas fascistas carentes de argumentos. Fueron los miembros de la CNTE y sus aliados del lumpenproletariado urbano, quienes se cansaron de agredir con palos, piedras, petardos, bombas molotov; y encendieron fogatas en la plancha del Zócalo.

Después vendría la ceremonia del Grito. El Presidente Enrique Peña Nieto la encabezó por primera vez, ante una Plaza de la Constitución completamente llena, pese a la pertinaz lluvia. La embestida de la descalificación no se hizo esperar: desde la difusión de imágenes a deshora –tomadas antes o después de la ceremonia–, supuestamente para demostrar la falta de asistencia; o las presuntas evidencias de una movilización de acarreados desde el Estado de México.

Los contingentes mexiquenses que acudieron, convocados por el PRI estatal, fueron una evidente, notoria minoría, entre la multitud. Y más allá de que en todos los países del mundo se considera legítimo que los partidos acudan con sus propios contingentes en apoyo de sus líderes, tanto partidarios como gubernamentales, el esquema de la política adversarial fue claro una vez más: si Morena o el PRD proporcionan transporte a sus militantes para acudir a los eventos de Andrés Manuel López Obrador, es una sana práctica política, una necesidad del pueblo bueno que anhela estar cerca del mesías tropical. Si lo hace el PRI, es indigno, indebido, fraudulento, sucio.

¿Y qué decir de las caravanas de autobuses que han sido utilizadas por las escuadras de choque fascistas de la CNTE? En este caso tampoco hay reproches, porque se trata de los maestros que defienden la gratuidad de la educación, preocupados además por la calidad de la enseñanza que recibirán las futuras generaciones. Mentira. La CNTE y sus líderes conservan y se aferran a las estructuras caciquiles, patrimonialistas y corruptas del SNTE.

Pactan con el poder, reciben sobornos millonarios, se prestan a ser instrumento para dirimir pugnas políticas y, sobre todo, reivindican el derecho a heredar o vender las plazas y a no ser evaluados en su capacidad real como formadores de niños y jóvenes. He señalado ya que son ellos los que han privatizado la educación en su beneficio; y son ellosmlos que obtienen cuantiosos recursos para sus movilizaciones y plantones; y además, exigen que se les pague por el trabajo no desempeñado.

Muchos de sus defensores de oficio en los medios sectarios que niegan su estirpe, se rasgan las vestiduras acerca de un supuesto linchamiento mediático contra los seudoprofesores. Mienten; y lo hacen por consigna y por interés. Exhibir su violencia irracional, su vandalismo, su intransigencia, su cerrazón al servicio de un liderazgo caciquil, su visión patrimonialista de un trabajo que debiera consistir, principalmente, en una verdadera vocación de servicio, es un deber.

El linchamiento mediático funciona a la inversa; y las almas ingenuas que creen hacer lo políticamente correcto en su defensa a ultranza de la CNTE y sus aliados y cierran los ojos ante la realidad siniestra de este fascismo seudoizquierdista, no son sino instrumentos de un embate contra la nación, que no está fracturada, sino asediada.Imagen

Memorias de muerte y vida

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SARAJEVO.- El Foro Internacional de la Paz Sarajevo 2014, que tendrá lugar en la capital de Bosnia-Herzegovina del 6 al 9 de junio del año próximo, recibió esta mañana el más amplio respaldo del alcalde, doctor Ivo Komsic, quien se reunió en su despacho de la restaurada Alcaldía –el edificio más representativo del periodo imperial austrohúngaro en la región–, con un grupo de representantes del Comité Organizador Internacional y del Comité Nacional.

La tarea no será fácil ni sencilla. La situación del país es complicada: una economía que no sale del estancamiento, sino se deteriora paulatinamente; un entorno de reconciliación aparente, que no acaba de restañar las heridas abiertas durante la guerra en la década de 1990; y una situación política polarizada, tanto en lo interno como en la perspectiva regional.

Los contrastes pueden resultar desconcertantes e incomprensibles. He conversado tanto con académicos, periodistas, médicos, abogados, estudiantes, como con personas en la calle: vendedoras en tiendas, vendedores callejeros de elotes cocidos o asados -–sí, como en México–; taxistas, policías… Y surge un consenso: en la antigua Yugoslavia, bajo el gobierno del mariscal Josip Broz Tito, se vivía mejor, todo era diferente, había empleo, educación y medicina para todos. Y las rivalidades étnicas parecían superadas.

¿Por qué, entonces, la salvaje ferocidad de la guerra en la década de 1990? Familias, personas, que el día anterior eran vecinas y amigas, se persiguieron, denunciaron, asesinaron con saña y enorme crueldad. Me tocó presenciar en Sarajevo, el 28 de agosto de 1995, la segunda masacre de Markale –el mercado central–; estuve en un restaurante bar a un lado de la estructura bombardeada, cuando comenzaron a caer los obuses de 120 mm.

Al salir, luego del horror del bombardeo, presencié el infierno de la muerte y la destrucción, con cadáveres destrozados en las calles y estructuras semiderruidas; llanto, olor a sangre, a sudor, a heces; desesperación, angustia… Y la pregunta: ¿por qué? Desde entonces y hasta ahora se ha culpado a los bosnios de origen serbio, lo cual en lo personal, no creo, por la evidencia que puede reunir en su momento. Pero esto no es lo más importante.

Markale fue apenas un episodio. Anteayer, a instancias de mi amiga Ingeborg Breines, copresidenta del Buró Internacional de la Paz, varios asistentes a la tercera reunión preparatoria del Foro Internacional de la Paz, visitamos el Museo de Srebrenica. Se trata de una pequeña ciudad en las montañas, que actualmente forma parte de la República Srpska, enclave serbio que ocupa el 49% del territorio de Bosnia-Herzegovina y que teóricamente está federada dentro la República de Bosnia y Herzegovina.

En julio de 1995, Srebrenica fue escenario de un genocidio cometido –este sí—por las tropas serbio-bosnias del general Ratko Mladic, auxiliadas por paramilitares serbios y bosnios, que asesinaron sistemáticamente a unos ocho mil bosnios musulmanes, principalmente varones, aunque también murieron mujeres e infantes. Fue el mayor genocidio cometido en territorio europeo desde la Segunda Guerra Mundial.

El Museo de Srebrenica, en el centro de Sarajevo, evoca la memoria de la muerte y es agobiante. Me recordó, salvadas las diferencias, mi visita al campo de concentración de Auschwitz. Lo peor para mí, fue que estuve en Srebrenica después del genocidio y aun cuando no fui testigo presencial ni encontré ninguna de las fosas comunes después localizadas, en el ambiente se percibían el terror y la desolación.

Todo comenzó en Sarajevo, el 28 de junio de 1914, cuando el archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero de la corona del Imperio austrohúngaro, fue asesinado, junto con su esposa Sofía, a un lado del Puente Latino. Casi 100 años después, algunos consideran a su asesino, Gavrilo Princip, como un héroe nacional serbio y balcánico; mientras que otros hablan de erigir una estatua al archiduque. Así de complicados son los Balcanes; pero aquí también debe surgir un siglo de paz y reconciliación, a partir de  2014. (En la fotografía, los asistentes a la reunión preparatoria).Imagen

Una sombra de caudillo

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SARAJEVO.- Los vi en la televisión: algunas cadenas internacionales cubrieron su puesta en escena en la ciudad de México. Salieron a la calle y fueron 44 mil. No pudieron llegar al Zócalo, escenario de las míticas revelaciones y las no menos míticas consagraciones de Andrés Manuel López Obrador, su líder, su caudillo, su guía, su salvador, porque una parte de los grupos presuntamente aliados o, al menos, compañeros de ruta, se negó a desalojar la gran plaza en el corazón de la ciudad de México.

Fueron al Hemiciclo a Juárez, que honra la memoria del más grande de los mexicanos, aquel que no movilizó contingentes para vociferar en las calles, insultar, destruir, pintarrajear y agredir; sino a una amplia comunidad de mujeres y hombres libres, al frente de la cual ganó la segunda y definitiva independencia y consolidó en nación lo que hasta entonces, era proyecto inacabado. Juárez, el adalid de la ley y de las instituciones, a las que nunca mandó al diablo; el defensor supremo del Estado de derecho.

Fueron 44 mil y no pudieron ser más. Cada vez, en realidad, son menos. Poco les importa que la reforma energética preserve a Pemex como propiedad de la nación y del pueblo de México; que la reforma educativa se proponga romper con los vicios y las aberraciones de una burocracia magisterial corrupta y privatizadora de la educación; que la reforma hacendaria tenga un sólido componente social y preserve del IVA los alimentos y las medicinas. No. Les importa la convocatoria del mesías de Macuspana. Para lo que sea: “es un honor estar con Obrador”, proclaman.

Ahora están convocados –y convocadas– a una gran movilización el domingo 22 de septiembre, que partirá del Ángel de la Independencia hacia el Zócalo. ¿Habrá conseguido el caudillo la autorización de las hordas fascistas de la CNTE, que tienen su propia agenda y no parecen dispuestas a evacuar la Plaza de la Constitución? Es lo de menos. El espectáculo debe continuar.

Es inevitable acudir al pensamiento de Max Weber, cuando describe el liderazgo carismático y el precio que deben pagar quienes deciden someterse a esa peculiar jefatura. Una de las consecuencias es la despersonalización y la pérdida de opiniones propias –la pérdida del alma, puntualiza Weber– de los partidarios del líder.

“La dirección de los partidos por jefes plebiscitarios determina la desespiritualización de sus seguidores, su proletarización espiritual. Para ser aparato utilizable por el caudillo, han de obedecer ciegamente, convertirse en una máquina… no sentirse perturbados por pretensiones de tener opinión propia”.

Pero no es todo. La política termina por basarse en las emociones en vez de la razón. “El peligro político de la democracia de masas para el Estado, reside en primer término en la posibilidad del fuerte predominio… de los elementos emocionales”.  Así se vulneran los principios de razonabilidad, proporcionalidad y búsqueda de consensos.

El tercer peligro que Weber encuentra en el liderazgo carismático, una vez que logra apropiarse de las estructuras del gobierno y del Estado, es la subordinación total del Poder Legislativo al Ejecutivo. El Congreso –o el Parlamento– deja de cumplir con sus funciones constitucionales y se transforma en “un conjunto de borregos votantes perfectamente disciplinados, donde lo único que tiene que hacer el parlamentario es votar y no traicionar a su partido… Por encima del Parlamento está el dictador plebiscitario que, por medio de la maquinaria, arrastra a la masa tras de sí; y para quien los parlamentarios no son otra cosa que simples prebendados políticos que forman su séquito”.

Cuando los discursos legislativos no buscan convencer a los adversarios, sino se pierden en meras apologías oficiales de partido y, peor aún, de un profeta iluminado, lanzadas como proclamas desde un balcón, se pierde el espíritu de la democracia.

Paralelamente, el llamado liderazgo carismático favorece la burocratización interna de los partidos, pues de promotores de ideales se convierten en gestores de posiciones y prebendas, a la vez que permiten el desarrollo de tendencias antidemocráticas en su seno. Esta burocratización de la política es vista por Weber como el final de la auténtica política.

¿Que esto corresponde en buena medida a la realidad del México actual y a la que se vivió durante los peores años del partido virtualmente único? De acuerdo. Por ello es importante prevenir que ocurra nuevamente. Los movimientos neopopulistas tienen un tufo inocultable de fascismo y acuden a una dialéctica simplificadora y antipolítica.

El esquema es rudimentario, pero efectivo: la victimización del pueblo y el mito de la conspiración, forman parte de la retórica discursiva como propaganda política del líder único e insustituible; el salvador de la patria ante un adversario interno perverso, en un contexto de indefinibles amenazas externas.

Así, se ocultan los aspectos más agresivos del neopopulismo autoritario y se ofrecen representaciones fundamentales para la conquista de la opinión pública. Aunque cambien según los periodos y el contexto político-social, se insiste en regenerar la vida política y nacional y acabar con la aparente o real decadencia de las instituciones y de la moral pública.

De hecho, una tipología ha permanecido a lo largo del tiempo y es común a cualquier forma de autoritarismo populista, cuyas raíces son fascistas: el culto al jefe. El caudillo, el mesías, se presenta como la alternativa a la crisis. Es el salvador, el redentor de la patria, que intenta simbolizar los valores del pueblo mediante una retórica marginal. Por lo tanto, destaca por su manejo demagógico de la comunicación simbólica. Así, “se busca establecer una relación lo más directa posible entre el pueblo y sus líderes, para la cual no es necesaria la mediación de instituciones”, apunta Roland Barthes.

A cambio del culto al jefe, se propone el regreso a una presunta época de gloria, a los equilibrios tradicionales alterados por la corrupción de los políticos, mediante reformas plebiscitarias de participación. Este culto a la personalidad, desde sus perspectivas míticas, casi religiosas, es indispensable a fin de comprender fenómenos como el de López Obrador y sus acérrimos seguidores, con los peligros que implican para el país real.Imagen

El camino hacia la paz

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NEWARK, Nueva Jersey.- El viernes, en Sarajevo, capital de Bosnia-Herzegovina, organizaciones de la sociedad civil europea, a las que se han sumado cada vez más de la sociedad civil internacional –entre ellas el Círculo Latinoamericano de Estudios Internacionales (CLAEI), con sede en México–, iniciarán  su tercera reunión preparatoria rumbo a la cumbre por la paz y la reconciliación, el año próximo en esa ciudad. Hacia allá me dirijo.

En Sarajevo, entonces parte del Imperio Austro-Húngaro, se abrieron las compuertas de la violencia más destructora de todos los tiempos, cuando el 28 de junio de 1914 murió asesinado el archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero de la corona imperial. Ese acontecimiento precipitó el inicio de la Primera guerra Mundial, a la que siguieron la Segunda, la Guerra Fría e innumerables conflictos bélicos de diversa envergadura, marcados casi todos por el genocidio, la crueldad extrema, la destrucción enconada.

Un poco antes del centenario del atentado, del 6 al 9 de junio de 2014, tendrá lugar la Cumbre Internacional de la Sociedad Civil: De un Mundo de Guerra y Violencia a una Cultura de Paz y No-Violencia. Queremos que sea una plataforma de intercambio, para el debate y la información acerca de diversos tópicos relacionados con la paz y la no violencia. Llegaremos a Sarajevo miles de personas de todo el mundo.

La capital de Bosnia-Herzegovina fue una ciudad mártir durante la sangrienta guerra que, hace dos décadas, llevó a la paulatina desintegración de Yugoslavia. Me tocó ser testigo presencial de una parte de los más terribles acontecimientos, como corresponsal de guerra.. Hoy en día, es una urbe en proceso de reconstrucción, que alberga a una sociedad multicultural empeñada en restañar las heridas de un pasado muy doloroso.

Dentro de la Cumbre de 2014, se llevarán a cabo el Primer Foro Temático Mundial por la Paz y la Seguridad Humana; y un Foro Internacional de Ciudades y Comunidades por la Paz; así como talleres, conferencias, eventos culturales, exhibiciones informativas, un campamento juvenil y diversas reuniones temáticas.

Un comité organizador internacional, que reúne a varias organizaciones bosnias y de la sociedad civil, global, fue creado en septiembre de 2012. Desde entonces, la movilización en los cinco continentes ha ido en intenso crecimiento. El comité define los lineamientos de la Cumbre; todas las organizaciones interesadas en participar, han sido invitadas para que presenten propuestas concretas de mesas redondas, talleres, exhibiciones y actividades culturales relacionadas con la paz y la no violencia.

El CLAEI sometió a la consideración del comité una mesa redonda acerca de América Latina y la prohibición de las armas nucleares y las bases militares extranjeras, en la que participarían representantes de organizaciones de la sociedad civil de México, Centro y Sudamérica. El papel pionero de las naciones y los pueblos latinoamericanos en la aprobación del primer tratado que creó una zona libre de armas nucleares en una región densamente poblada; y la campaña permanente para la prescripción de las bases, constituyen experiencias que deben ser compartidas y ameritan una mayor solidaridad internacional.

Los grandes ejes de los debates, son la no-violencia activa; la reconciliación con el pasado; la economía en la guerra y en la paz; la educación para la no violencia y la paz, como eje de una política activa de paz;  la historia y la paz; la seguridad humana; el diálogo intercultural; la ciencia y la paz; desarrollo sostenible y paz con la naturaleza; y las mujeres y la paz. Habrá intercambio de experiencias en temas como el desarme nuclear, la abolición del intervencionismo y las bases militares extranjeras, el comercio de armas, la reconstrucción, la migración.

Para acordar una agenda definitiva y redoblar esfuerzos en cada región del mundo, estaremos trabajando en Sarajevo desde el viernes próximo hasta el lunes siguiente. Partimos de una base de consenso, de comunidad de ideales y objetivos. Ya les contaré.

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El informe y el México real

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Hay mucho material para la reflexión, en torno al primer informe de gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto y los acontecimientos que lo han rodeado. Me preocupa que una parte de la sociedad mexicana haya perdido la perspectiva y el sentido de la proporción; resbala por una pendiente peligrosa, con llamados a la violencia, al desconocimiento de las instituciones del Estado de derecho; y con una deleznable insistencia en el insulto y la descalificación visceral.

Estoy convencido igualmente de que en los saldos del gobierno federal hay faltantes. Hubiera preferido un tono más ecuánime en el mensaje presidencial, a la hora de enumerar logros. Los hay, sin duda: las reformas en materia de competencia, la educativa y la de telecomunicaciones; además de que se avanza hacia la energética, la hacendaria y la referente a la seguridad pública. Claro que esos avances no están exentos de incógnitas y problemas: los hemos vivido todos los días y continúan presentes.

Puedo coincidir con Peña Nieto en su convicción de que “en México hay rumbo” y de que la pluralidad no es un obstáculo para el desarrollo. El Pacto ha funcionado en buena medida y el Poder Legislativo actúa con un enfoque positivo que le honra, aunque los ultras proclamen a voz en cuello que la responsabilidad es sumisión, que el anteponer los intereses de la nación a los de la facción, es entreguismo.

El Presidente insistió en que el propósito de su gobierno es transformar al país, no solamente administrarlo. Tiene una plataforma adecuada para ese propósito; muchos de los pasos que ha dado, de las decisiones que ha tomado, de las medidas que ha puesto en marcha, abonan a ese propósito. Pero no lo suficiente, todavía. De pronto parece replegarse, desconcertado por las reacciones de unos sectores claramente identificados, que ni representan realmente a gremios como el de los maestros, ni, mucho menos, a la población.

Quiero suponer que ni a él ni a sus colaboradores, como a la mayoría de las mexicanas y los mexicanos, les convencen los patéticos esfuerzos de las minorías por justificar lo injustificable; por hacernos creer que las hordas fascistas que han secuestrado a la ciudad de México, que destruyen y utilizan la violencia como arma cotidiana, que golpean y agreden con sopletes a los granaderos, son profesores preocupados por la educación y ciudadanos indignados por la situación del país.

¿Por qué sus apasionados defensores, en algunos medios de clara filiación político-oportunista, en las redes sociales y en las reuniones, omiten, por ejemplo, que entre las reivindicaciones de la CNTE –varios de cuyos integrantes son secuestradores y asesinos–, está el sagrado derecho a vender y heredar las plazas magisteriales, en una de las más perversas formas de corrupción y de privatización de la educación? Ellos sí privatizan, no la reforma en vías de aprobación.

¿Por qué soslayan que las reformas aprobadas no lesionan los intereses laborales de los verdaderos trabajadores, sino exigen la constancia de la capacidad para impartir la educación a una comunidad estudiantil nacional que desde la primaria, con excepciones que no dejan de ser sólo eso, se rezaga cada vez más en relación con el resto del mundo, incluso con países donde las condiciones socioeconómicas son mucho más adversas que en México?

El Presidente anunció y evaluó. Dijo, por ejemplo, que prepara un paquete de reformas en materia de derechos humanos, pues “el Estado debe proteger los derechos de los ciudadanos empezando por lo más valioso: la vida”. Su frase tiene un sesgo de ambigüedad que no gustará a muchos. Me incluyo. En esto, como en otros muchos temas, debe ser más específico.

Se declaró satisfecho de lo que se ha logrado en materia de seguridad, pero observadores imparciales, nacionales y extranjeros, opinan que los avances resultan mínimos. Yo entre ellos. Cuando señaló que no se permitiría que alguien se haga justicia por propia mano, se quedó corto. El tema de las autodefensas o “policías ciudadanas” tiene ya tintes peligrosamente similares a los de Colombia.

Peña Nieto sabe que uno de sus objetivos más importantes conlleva una enorme carga de volatilidad: la reforma energética, tema en el que hasta personajes generalmente ecuánimes, como Cuauhtémoc Cárdenas, han perdido el piso y la perspectiva. Ya lo escribí en este mismo espacio, pero me parece importante reiterar que en el fondo de la ofensiva de Andrés Manuel López Obrador y sus secuaces y compañeros de ruta, hay una enorme falacia.

El argumento central de quienes se oponen a la reforma, es el rechazo a la privatización de Pemex. Jamás ha sugerido siquiera el Ejecutivo federal, ni ahora ni durante la campaña electoral del año pasado, que exista esa intención. Por el contrario: ha reiterado hasta la saciedad y lo sigue haciendo, que Pemex no se privatiza; que seguirá siendo de los mexicanos, una empresa del sector público propiedad de la nación.

E insisto: si no fuera tan grave lo que está en juego, el mesías tropical quedaría como el payaso de la temporada. Ya Luis González de Alba ha señalado, en excelentes análisis, que con toda evidencia, López Obrador nunca escuchó o leyó acerca de esquistos bituminosos (rocas sedimentarias arcillosas, literalmente empapadas de petróleo, cuya extracción es técnicamente compleja); de la pirolisis o craqueo, otro método tecnológicamente complicado para obtener petróleo; o del Cinturón Plegado Perdido. La semana pasada expliqué todo esto; no tiene caso insistir.

El Presidente dijo en su mensaje unas palabras que deberían convertirse en acciones: “Sabíamos de antemano que lograr la gran transformación de México sería complejo, por las inercias y resistencias que vencer. Como Presidente de la República respetaré los derechos de todos, pero también estoy decidido a usar todos los instrumentos del Estado democrático para impulsar la transformación que reclaman la gran mayoría de los mexicanos”.

Que así sea y se cumpla lo ofrecido. Esperamos el despegue económico, que no ha llegado; por el contrario, existe un panorama sombrío, muy lejano del que dejó el anterior Presidente priísta, Ernesto Zedillo, con un crecimiento superior al 7% anual. Este saldo pesa como lastre a la hora de la evaluación.Imagen

Propaganda y agresión en Siria

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Es inevitable en estos días de ambiciones desatadas, engaños y mentiras, recordar al fundador de la propaganda política: el doctor Paul Joseph Goeebels, ministro de Información y Propaganda del III Reich. Lo que se añadió después, hasta la fecha, a los principios por él establecidos y a las estrategias y técnicas por él desarrolladas, es complementario, en el mejor de los casos. Goebbels estaría orgulloso de los cerebros que dirigen la propaganda estadunidense y de sus aliados de la OTAN en el caso de Siria.

Washington prepara el ataque. Ya el gobierno de Barack Obama ha declarado que la disposición de Siria a facilitar la inspección de las Naciones Unidas en el más reciente caso de las denuncias acerca del empleo de ramas químicas, es tardía. Todo parece indicar que se llevará a cabo una agresión criminal por el aire, como la desatada contra la extinta Yugoslavia en 1999, de la que fui testigo, como corresponsal de guerra.

Poco importan los antecedentes, los testimonios directos, las evidencias disponibles. Goebbels señalaba en el decimonoveno de los puntos básicos de su plataforma: “La propaganda debe facilitar el desplazamiento de la agresión, especificando los objetivos para el odio”. Carla del Ponte, integrante de la Comisión Internacional independiente para Siria, creada por mandato de las Naciones Unidas, había reconocido explícitamente que los testimonios de las víctimas de ataques previos con armas químicas, específicamente gas Sarin, “sugieren fuertemente” que fueron los rebeldes, no el gobierno sirio, quienes los llevaron a cabo.

Incapaz de resistir las presiones estadunidenses y de la OTAN, la Comisión entregó posteriormente un informe sesgado que, sin negar la responsabilidad de las bandas mercenarias que combaten contra el gobierno legítimo del presidente Bachar Al-Assad, dio pábulo a la machacona insistencia de la propaganda goebbeliana, cuyo objetivo es la destrucción del Estado laico sirio que ha subsistido contra viento y marea.

Un elemento particularmente perturbador para las buenas conciencias occidentales, que constituye además parte de los golpes propagandísticos dirigidos a las audiencias cautivas que en todo el mundo no tiene virtualmente más fuentes de información que los grandes consorcios estadunidenses y europeos y sus repetidoras, fue el de las im+agenes de las víctimas de un ataque en el cual ocurrió el asesinato masivo de niños.

Anatoli el Miurid, periodista e investigador, experto en el Medio Oriente, considera que los mercenarios –incluidos contingentes de Al-Qaeda—que combaten y cometen atrocidades en Siria, saben muy bien que el recurso de las imágenes de niños muertos produce un efecto devastador en quienes las ven. Son ellos quienes asesinan sistemáticamente a los niños y los presentan como víctimas del gobierno. “Hace varias semanas, secuestraron a mujeres y niños kurdos en el norte de Siria”; están dispuestos a matarlos, si no lo ha hecho ya, para provocar la intervención extranjera.

Las imágenes en YouTube abundan en inconsistencias, apunta El Miurid. “De entada, junto a los cadáveres, se ve gente que circula sin siquiera una rudimentaria máscara que la proteja de los vapores…” Esta debería ser una señal de alerta que los grandes medios prefieren ignorar. Además, en la panorámica de los cadáveres organizados en filas, aparecen imágenes recientes de la mezquita de Al-Fateh, en El Cairo.

Por otra parte, investigaciones y análisis llevados a cabo por científicos rusos, indican que un proyectil disparado contra Khan al-Assal, un suburbio de la ciudad siria de Alepo, que contenía gas Sarin, fue disparado por los rebeldes. Así lo dio a conocer el representante permanente de la Federación de Rusia ante las Naciones Unidas, embajador Vladimir Churkin, quien explicó que un grupo de expertos rusos visitó el lugar y recogió muestras y evidencias. Esto, desde luego, ha sido omitido por la red de medios que sirve como correa de transmisión para la propaganda goebbeliana.

La maquinaria de la agresión criminal contra Siria está en marcha. ¿Surgirá algún factor capaz de detenerla?Imagen

Pemex y los epígonos de Goebbels

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pemex

Esta semana se ha vuelto propicia para evocar una figura perversa, aunque visionaria y dotada de una inteligencia excepcional: la del doctor Paul Joseph Goebbels, ministro de Información y Propaganda de Adolfo Hitler y efímero canciller del III Reich tras el suicidio del Führer. Desde su época como gauleiter (líder regional del Partido Nazi) de Berlín, comenzó a sistematizar sus conocimientos de la gente, las masas y los resortes motivacionales que pueden galvanizarlas y movilizarlas y se convirtió en el creador de la propaganda política moderna, jamás superado.

En el panorama de estos días están en marcha estrategias goebbelianas: tanto en el escenario internacional, para preparar una criminal agresión contra Siria; como en el ámbito nacional, sobre todo en torno a la reforma energética y a las malandanzas de los sedicentes profesores que militan en la CNTE. El caso de las hordas fascistas que han secuestrado a la ciudad de México y puesto de rodillas a sus autoridades, ante la mirada medrosa del gobierno federal, merece un análisis aparte. En esta ocasión escribo sobre el tema de la energía.

El argumento central de quienes se oponen a la reforma propuesta por el Presidente Enrique Peña Nieto, es falaz de origen: rechazan la privatización de Pemex. (Casi no se refieren a la CFE). Jamás ha sugerido siquiera el Ejecutivo federal, ni ahora ni durante la campaña electoral del año pasado, que exista esa intención. Por el contrario: ha reiterado hasta la saciedad y lo sigue haciendo, que Pemex no se privatiza; que seguirá siendo de los mexicanos, una empresa del sector público propiedad de la nación. Así arranca la etsrategia goebbeliana.

Después vienen las afirmaciones del caudillo Andrés Manuel López Obrador –en alguna medida desplazado del centro del escenario mediático, donde exige estar, por las intervenciones de Cuauhtémoc Cárdenas–; postulados absurdos si los hay, que no resisten un mínimo análisis serio. Por ejemplo, que la tecnología necesaria para perforar un pozo petrolero –sin referirnos por lo pronto a la perforación en aguas profundas–, equivale a la que se necesita tratándose de un pozo de agua, sólo que hay que excavar a mayor profundidad.

Si no fuera tan grave lo que está en juego, el mesías tropical quedaría como el payaso de la temporada. Ya Luis González de Alba ha señalado, en excelentes análisis, que con toda evidencia, López Obrador nunca escuchó o leyó acerca de esquistos bituminosos (rocas sedimentarias arcillosas, literalmente empapadas de petróleo, cuya extracción es técnicamente compleja); de la pirolisis o craqueo, otro método tecnológicamente complicado para obtener petróleo; o del Cinturón Plegado Perdido.

Un estudio del Instituto de Geofísica de la UNAM permite comprender mejor lo que esto último significa:

“El Cinturón Plegado Perdido (CPP) se ubica en el golfo de México, en aguas profundas de México y Estados Unidos. Está formado por la franja de pliegues orientada de nor-noreste a sur-suroeste que tienen núcleo salino autóctono y están armados en un paquete sedimentario que va desde el Jurásico Superior hasta el Terciario. (…) Los pozos Baha-1 (1996) y Trident-1 (2001) han confirmado la existencia de yacimientos de petróleo en el CPP del lado de Estados Unidos. (…) El CPP mexicano, sin duda, contiene una gran cantidad de reservas que podrán ser incorporadas en el mediano y largo plazos al inventario nacional. (…) Actualmente, en México, existen dificultades tecnológicas, económicas y falta de experiencia para probar, evaluar y explotar los recursos petroleros del CPP mexicano…”

Cuando se plantean objeciones con seriedad, encaminadas a mejorar una iniciativa de reforma, es muy importante tomarlas en cuenta, escuchar a quienes saben y pueden aportar opiniones fundamentadas. Las alucinaciones demagógicas y el torpe populismo que quiere consultas ciudadanas acerca de temas especializados, reflejan lisa y llanamente la irresponsabilidad derivada del ansia de poder a toda costa, que desafortunadamente, por el impacto de la estrategia goebbeliana, arrastra a personas en otros aspectos sensatas, ponderadas, responsables y respetables.

La paranoia provocada así lleva a la difusión, principalmente en las redes sociales, de patrañas monumentales, como el supuesto nombramiento de Raúl Salinas de Gortari para que se haga cargo de la “privatización” de Pemex. El disparatado infundio puede tener repercusiones internacionales, incluso en medios considerados como serios, más allá de los que trabajan alegremente al son de la propaganda.

En un estudio sobre la reforma energética necesaria, el Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC), plantea:

“La seguridad energética mexicana está en riesgo porque se han privilegiado políticas cortoplacistas que  utilizan los hidrocarburos como sostén de las finanzas públicas cuando, por ejemplo, son la principal  fuente de generación eléctrica de nuestro país. Como se mencionó anteriormente, la aparente simbiosis  que existe entre Pemex y el gobierno mexicano ha derivado en políticas de exploración y explotación  de los recursos petroleros bajo criterios políticos en lugar de económicos (o ambientales).

“No sólo se  absorbe una grandísima cantidad de ingresos de Pemex para tapar los boquetes fiscales del erario, sino  que se ha promovido un portafolios de inversión en hidrocarburos que maximiza la cantidad de barriles  extraídos de forma inmediata (sin importar el deterioro en la vida productiva de los campos que esto  puede ocasionar), además de que no se ha invertido suficiente en la infraestructura de transmisión y  distribución tanto de la electricidad como de su principal insumo, el gas natural.

“Adicionalmente, México se encuentra lejos de poder cumplir las obligaciones contraídas internacionalmente con respecto al  porcentaje de generación eléctrica proveniente de energías renovables…”

El problema va mucho más allá de perforar pozos más hondos o de rechazar a rajatabla la participación de capital privado, nacional y extranjero, que, insisto e insistiré, ha sido aceptado por países y gobiernos que la visión demagógica y sectaria considera irreprochables. Sólo aquí es traición a la patria. Y así continuarán…

Armas en órbita

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Comentaba la semana anterior que aun cuando el gobierno del presidente Barack Obama se declara dispuesto a considerar la adopción de alguna propuesta para prohibir la instalación de armas en el espacio, o el uso del espacio como ruta de tránsito de armamento de cualquier índole, insiste en que el instrumento que se adoptaría en su caso, deberá satisfacer “criterios rigurosos” de equidad, verificabilidad efectiva y ofrecer garantías a los intereses nacionales de Estados Unidos y sus aliados.

El tratado que han promovido Rusia y China, para la prevención del emplazamiento de armas en el espacio exterior, no satisface dichos requisitos, según los especialistas estadunidenses comisionados por Washington para revisarlo y emitir un dictamen oficial. Alegan que está “fundamentalmente viciado”, aunque no explican por qué, más allá de generalidades muy vagas; y concluyen que no ofrece ninguna base para iniciar negociaciones.

Mientras tanto, el Departamento de Defensa continúa invirtiendo en programas orientados a establecer capacidades operacionales para armas basadas en el espacio y dispositivos militares antisatélites. Y si bien la tecnología involucrada es motivo de controversia, representa una muy importante oportunidad de lucro para empresas que saben cómo rebasar los obstáculos éticos, logísticos y financieros.

La guerra siempre ha sido una generosa fuente de utilidades; y el dominio del espacio exterior implica más opciones de excelente negocios, relacionados incluso con las armas convencionales. Según lo estableció el Comando espacial de la Fuerza Aérea estadunidense en su Plan Estratégico Maestro de 2003, “la capacidad de lograr la superioridad en el espacio (de aprovecharlo mientras se cierra selectivamente a los adversarios), es críticamente importante; pues mantener la superioridad espacial implica un prerrequisito esencial de la guerra moderna”.

La superioridad en la guerra convencional se basa en la existencia de recursos militares en el espacio, particularmente satélites, que son utilizados para tareas de inteligencia (es decir, espionaje); teledetección, navegación y monitoreo, entre otras. Los drones asesinos son dirigidos a sus blancos por vía satelital. Dado que Estados Unidos ejerce su voluntad política por medio de la fuerza, la protección de sus recursos espaciales y la interferencia contra los de otras naciones, es la clave para garantizar esa superioridad.

Desde abril de 2010, un arma espacial estadunidense, la X-37, que es una aeronave espacial no tripulada, cuya apariencia es la de una versión a pequeña escala del transbordador espacial, circunnavega la Tierra. Aun cuando la opinión pública internacional ignora este hecho, la X-37 representa una amenaza a la paz global y puede provocar el inicio de una carrera armamentista en el espacio.

Bruce Gagnon, coordinador internacional de la Red Global Contra las Armas y el Poder Nuclear en el Espacio, señala al respecto: “En principio, la X-37 estaba destinada a remplazar al transbordador espacial, pero ese proyecto fue desechado”. En 2004, la NASA cedió la aeronave espacial a la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa y a Phantom Works, una división de Boeing, el mayor contratista aeroespacial dedicado aceleradamente al desarrollo de armas en el espacio y sistemas de escudo antimisiles. Recibe miles de millones de dólares del erario estadunidense.

Oficialmente, la X-37 es una instalación militar espacial, parte del arsenal que provoca una creciente preocupación en todo el mudo. El Pentágono trabaja además en el desarrollo de un número indeterminado de aeronaves “de doble propósito”, cuyos prototipos han sido probados ya. Tal vez se trate de bombarderos espaciales, pero son tan secretos hasta la fecha, no tenemos una plena seguridad.

Para quienes, como Gagnon y la Red Global, trabajan incansablemente por conservar el espacio exterior libre de armas y como un ámbito de paz, la X-37 representa un severo retroceso. “Se trata de una de las primeras armas espaciales operativas”, denuncia. Esta es la realidad.Imagen

Democracia y sentido común

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Cada vez resulta más evidente que los problemas de compatibilidad del nacionalismo excluyente –tronco común de las autonomías étnicas reivindicadas tanto en México y en América Latina como en Europa, Asia y África, es decir, en casi todo el mundo, a partir de las últimas décadas del siglo XX– con un marco legal constitucional, proceden no tanto de los presupuestos de éste, en su condición de marco político de una comunidad como de su propio contenido, esto es su condición de norma democrática.

De manera que al final, en su plano más profundo, el enemigo constitucional en el imaginario nacionalista no estaría manifestando tanto una oposición entre dos sujetos políticos, de incompatibilidad existencial irreductible, cuanto una resistencia del nacionalismo excluyente de las etnias, de los pueblos primigenios o como se prefiera llamar a las comunidades incluidas en una comunidad mayor, al menos en su prevalente conformación actual, a admitir cabalmente las exigencias de la democracia.

Cabe preguntar, en definitiva, si las resistencias constitucionales del nacionalismo étnico, promotor de bantustanes donde la única ley debe derivar de los usos y costumbres; o las del nacionalismo patrimonialista, feroz a la hora de defender exclusividades, aunque hundan al país,  no se originan, sobre todo, en una insuficiente comprensión de la democracia, que es algo más que un sistema político en el que se decide por mayoría para el ejercicio del poder y el funcionamiento de las instituciones.

Se trata de un orden establecido sobre unos fundamentos de libertad, tolerancia y apertura, que son justamente los que caracterizan, más allá de la atribución del poder formal, a la ordenación constitucional mexicana y a las de los estados nacionales en general. Es, conforme al artículo tercero constitucional, una forma de vida.

No hay democracia sin constitución, de manera que el funcionamiento del sistema político según la voluntad de la mayoría sea absolutamente libre y sin temor a que se introduzca una tiranía, que no por tener una base más amplia resultará menos injusta y temible que la que pudiese imponer una minoría.

En consecuencia, es importante saber cuáles son esas exigencias del orden constitucional que justifican la regla de la mayoría, esto es, que hacen posible el funcionamiento de las instituciones democráticas, legitimando sus resultados; y después, averiguar por qué el nacionalismo tiene dificultades para asumir tales exigencias, agotando en lo que no deja de ser una parte, sus instituciones, todo el orden democrático o constitucional.

Los corifeos de ese nacionalismo sesgado insisten en hablar de los problemas de gobernabilidad como consecuencia del orden constitucional. La gobernabilidad de un sistema político (no sólo de un gobierno) tiene dos componentes: la capacidad para cumplir con las funciones básicas (Estado de derecho, seguridad pública, etc.) y de aplicar un proyecto de gobierno (políticas y programas); y la conducción institucional de los conflictos.

Así, gobernabilidad no significa ausencia de conflictos; no es un fenómeno binario, sino de grado. Aquí es donde debe entrar en juego la capacidad de las instituciones para procesar los conflictos. Habría que identificar el umbral a partir del cual, el país entraría en una crisis de ingobernabilidad, pero ésta, en todo caso, no sería causada por el orden constitucional, sino por su reiterada violación.

La democracia, si es algo, es un orden político abierto y libre. La primera característica se refiere a las posibilidades del sistema político democrático que no están relacionadas necesariamente con ninguna finalidad o exigencia, fuera de la de asegurar hacia el futuro dichos rasgos de apertura y libertad.

Esto quiere decir que en principio, en una democracia la diferencia entre los diversos objetivos de las fuerzas políticas no tiene un significado cualitativo, de modo que per se existan diferencias considerables entre las diversas ideologías políticas.

Así, en una democracia no caben planteamientos redentores ni resulta aceptable pretender el contraste abismal en su pertinencia entre unas ideologías y otras. La democracia es, entonces, un sistema que excluye el dogmatismo y se basa en el relativismo y el escepticismo.

Ello quiere decir, por tanto, que ningún sector de la población puede presentarse como la mejor parte, o como la representación auténtica de un pueblo que trascendiese a la sociedad actual en su plural conformación. Las distinciones del mesianismo tropical entre el pueblo bueno que acepta incondicional y tumultuariamente la voluntad del caudillo; y el otro pueblo, el que prefiere la democracia, por imperfecta que ésta sea, son manifestaciones de la intolerancia, de la exclusión, de la intransigencia, que conducen a utopías perversas y necesariamente criminales.

Este fenómeno comienza a reflejarse también en el debate sobre la reforma energética. Incluso mentes cuya lucidez me ha parecido inobjetable, han decidido recurrir al manejo fácil de los lugares comunes de ese nacionalismo excluyente, que además de manifestarse en lo étnico, encuentra cabida en el ámbito de las políticas públicas.

Bien que haya debate y, si se quiere, hasta consulta popular, cuya validez legal, hoy por hoy, es inexistente; pero deberíamos exigir una discusión informada, honesta, sin esos acentos de patetismo o de catástrofe apocalíptica con que se quiere descalificar, sin entenderla realmente, la iniciativa presentada por el gobierno federal. Imagen

El espacio exterior y la paz

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El despliegue de armas en el espacio destruiría el equilibrio estratégico y la estabilidad, minaría la seguridad internacional y nacional y quebrantaría los actuales instrumentos para el control de armamento, en particular los relacionados con armas nucleares y misiles. Si esto llegase a ocurrir, habría inevitablemente una nueva carrera armamentista, que a su vez descarrilaría los procesos de control de armas y desarme. En suma, los difíciles avances de las últimas décadas se verían cancelados.

La retirada estadunidense del Tratado de Misiles Antibalísticos en 2001 y el desarrollo del llamado escudo antimisiles, que implica la instalación de bases de Estados Unidos en tierra y mar, han intensificado exponencialmente las tensiones con Rusia y provocado un incremento en la proliferación de misiles. El despliegue de la tecnología bélica implicada o el desarrollo de recursos tecnológicos militares en el espacio, llevará inevitablemente a un círculo vicioso, en el que Estados Unidos y Rusia desacelerarán la reducción real de sus arsenales nucleares y rechazarán la aprobación de nuevos tratados para regular las armas nucleares y sus sistemas de lanzamiento. Muy probablemente China construiría más cabezas nucleares para mantener su capacidad de disuasión y la India y Pakistán podrían seguir el mismo camino.

En enero de 2007, Beijing llevó a cabo pruebas con un arma antisatélite, dirigida contra algunos de sus propios satélites climatológicos, ya obsoletos. Estados Unidos se apresuró a condenar los ensayos chinos, al tiempo que impulsaba hipócritamente varios proyectos de defensa espacial y antimisiles, utilizables también en acciones de agresión. Adicionalmente, en febrero de 2008, Washington procedió a destruir sus propios satélites fallidos que llevaban una carga de media tonelada de hidracina, un combustible para cohetes a base de agentes químicos tóxicos. El misil utilizado para derribar los satélites fue un Standard Missile-3, construido inicialmente como interceptor para el sistema de defensa de misiles de la Armada.

Aun cuando, hasta donde se sabe, no existen en la actualidad armas desplegadas de manera permanente en el espacio, la política estadunidense al respecto es y debe ser, con toda razón, motivo de preocupaciones en el ámbito global. Durante el gobierno de George W. Bush, el documento sobre Política Nacional del Espacio exponía sin ambages que Estados Unidos “preservará sus derechos, capacidades y libertad de acción en el espacio; disuadirá o impedirá a otros que pretendan coartar esos derechos, o desarrollar capacidades para hacerlo; llevará a cabo las acciones necesarias para proteger sus capacidades espaciales, responder a toda interferencia y, si es necesario, negar a sus adversarios el uso del espacio con fines hostiles a los intereses nacionales de Estados Unidos”.

A partir de entonces, Washington se ha negado a suscribir tratados que “limiten” sus acciones en el espacio exterior; y su política espacial se opone firmemente “al desarrollo de nuevos regímenes legales u otras restricciones que pretendan prohibir o limitar el acceso de Estados Unidos al espacio”, o a utilizarlo conforme a sus intereses; e insiste en que “las propuestas de acuerdos de control de armas o las restricciones relacionadas, no deben afectar los derechos de Estados Unidos a llevar a cabo investigaciones, o a desarrollar, realizar pruebas y operaciones u otras actividades en el espacio, conforme a sus intereses nacionales”.

En julio de 2010, el gobierno del presidente Barack Obama dio a conocer el nuevo documento sobre Política Nacional del Espacio, conforme al cual, Estados Unidos promoverá la transparencia y la confianza bilateral y multilateral para alentar acciones responsables que conlleven el uso pacífico del espacio. Esta revisión señala asimismo que Washington considerará propuestas y planteamientos respecto a medidas de control de armas, siempre y cuando sean “equitativos, efectivamente verificables y contribuyan a la seguridad de Estados Unidos y sus aliados”.

Parece un cambio alentador, pero hay trampa. Continuaré la semana próxima.Imagen